viernes, 20 de septiembre de 2013

El gran Consejo

Cuando recibimos un consejo lo primero que hacemos es hacer una evaluación de quien nos aconseja. Es muy importante mirar de quien viene el mensaje, y de alguna forma recibirlo considerando al consejero particularmente. En esta ejemplar escritura encontramos un gran Apóstol con la mayor capacidad y experiencia para discipular y dirijir Ministerios como el de este joven pastor. 2 Timoteo 1:6- Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. El Joven Pastor y encargado de toda la Iglesia en toda la región de Asia estaba cansado, agotado, y el fuego en su vida se estaba debilitando. La persecución, las divisiones, los farsantes y muchas batallas en su vida le estaban de alguna forma cargando. Hay que sumarle la preocupación con su familia y otras responsabilidades que como joven tenía. Es esto lo que están pasando muchos compañeros en el Ministerio de hoy. Nos echamos las cargas de otros y al mismo tiempo crecen las nuestras cada día. Es ahí cuando surge la necesidad urgente de avivar. Avivar Es volver a encender, es levantar. Tambien es arrepentimiento, es volver a Dios, es un nuevo despertar. Cuando le ponemos esa chispa a nuestra vida espiritual. 2 Crónicas 7: 14 Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. El punto de partida de un avivamiento es la humillación a Dios, éste es el gran secreto, la llave de las puertas de la caldera que contiene el fuego del don de Dios. No solo debemos humillarnos ante él en algun momento de debilidad sino que el deseo de Dios es que vivamos una vida de humillación ante el Señor 24/7 Habacuc 3:2- Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia. Dia a dia hay que pedir a Dios avivamiento en nueatras vidas, en nuestras familias, en nuestras Iglesias y en nuestra nación. Es el fuego del don de Dios el que purifica, el que perfecciona y el que nos levanta cada día para servir fervientemente al reino. Este es el gran consejo; el fuego esta en ti, ya el Señor de lo ha regalado, reactivalo, permite que pueda fluir con libertad en tu vida, en tu Ministerio y que un nuevo despertar pueda resurgir en tu nación, en tu casa, es tuyo...

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