Es posible que suene un tanto radical en lo que presentare a
continuación, tomémoslo como una palabra de gracia de parte de Dios. La
inconstancia es la falta de estabilidad y permanencia en algo o la facilidad y
ligerezas excesivas de cambiar de opinión, pensamiento, amistades, entre otros.
Esta definición se aplica a nosotros, somos inconstantes a veces en algún
emprendimiento, en el estudio, en el trabajo, con nuestra familia, por ejemplo.
Santiago 1: 6-8- Pero
pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del
mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá
cosa alguna del Señor. El hombre de
doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. No hay que dudar. Si eres una persona inconstante
y de doble ánimo, no pienses que recibirás algo de Dios. Alguien de doble ánimo tiene dos pensamientos
contrarios viviendo en su interior. Son como aquellos que están convencidos de
que Dios puede prosperar y darnos bienestar, pero critican cuando ven la
bendición que otros han recibido. Cuando tu fe es firme y constante, te alegras
del bien ajeno y te preparas para recibir el tuyo con corazón limpio. ¿Por qué
te resistes a creer que Dios tiene que ver con una saludable economía si estás
convencido de que Él es el dueño del oro y la plata? Una persona con un solo ánimo sí recibe del
Señor porque su comportamiento y forma de pensar están claramente definidos. No
piensa una cosa y hace otra o tiene dobles intenciones. Piensa bien y sin
dobleces, si amas al Señor, también debes amar a tus hermanos. Si aprecias al
Señor, le honras dentro y fuera del templo. Vienes igual de presentable a la
iglesia como a la fiesta. Eres uno sólo, íntegro y sincero.
Santiago 1:17- Toda
buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces,
en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El Señor no cambia, no
varía. Dios es constante y fiel. Hay personas tan inconstantes que ni ellos
mismos se confían y dicen: “no iniciaré el proyecto porque ya me conozco y sé
que no lo terminaré”. Para recibir algo de Dios debes cambiar ese temperamento
y ser constante.
Hebreos 13: 8-
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
Jesús es nuestro mejor ejemplo de firmeza y constancia. El
desea que sus hijos sean como él, que le imiten a él, que no cambien según el
color de las circunstancias, que nada ni nadie cambie su carácter y postura, su
forma de ser o pensar en Dios.
*Dios nos invita a purificar nuestros corazones en él, a
revestirnos de su santidad, sin la cual nadie le vera. Su deseo es que seamos nosotros
quienes comencemos a decidir correctamente, a actuar correctamente y a descansar
en sus promesas de que él es nuestra ayuda y refugio.
Santiago 4:8- Acercaos
a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y
vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
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